La calma... estado natural del ser humano que perdemos con muchísima facilidad...
Recuperarla cuesta más.
Suele ser un trabajo honesto, sensato y largo.
Comenzar por aprender a aceptar la vida tal cual es, desde el corazón,
Sin estar pendientes del ayer que ya paso... del mañana que aún no llego.
La vida es una tensión constante entre el bien y el mal,
salud y enfermedad,
paz y lucha,
Sin embargo podemos trascender esta eterna divergencia.
Para recobrar la calma resulta de gran ayuda ampliar nuestro espacio vital.
Para ello debemos rodearnos de todo aquello que es verdadero, bueno, sano,
en su sentido más profundo desprendiendo siempre la mejor esencia,
sabiendo permanecer atentos a los pensamientos obsesivos y destructivos
que revolotean sobre nosotros,
para decidir ignorarlos a conciencia,
sin prestarles la más mínima atención.
No es sencillo, pero con práctica, perseverancia,
tratando que nuestras
actividades presentes y otras distracciones absorban nuestra atención,
podemos llegar a vivir más serenos.
Atreviéndonos a vivir siendo uno mismo.
Sin tanto desgaste emocional, arriesgándonos a mostrar otros aspectos
más genuinos de nuestra personalidad.
Recordando siempre que:
" Vivir no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace “